Un lejano pasado

Me quedé mirando fijamente el pez muerto. El sol de mediodía llegaba directo hasta las algas que lo envolvían. El movimiento del agua y unas ramas rotas del árbol caído en la orilla confundían la mirada al imitar el aleteo de un ser vivo. El pez estaba muerto, pero yo no quería verlo definitivamente inmóvil. El río tenía en aquellos momentos caudal suficiente para que un pez, montones de ellos, nadaran jubilosos festejando el renacer de la primavera. Pero la realidad era perseverante y por más que mi expectativa fuera ver un hálito de vida que anunciara la continuidad del viaje río abajo del pez embarrancado, éste no se movía según mi deseo.

Suspiré ruidosamente y me acerqué al árbol, a las algas, al pez muerto. Mi paseo quería ser alegre: estaba tratando de gastar las horas de la tarde para no estar dentro de casa, sola, entre aquellas paredes hermosas que habían oído risas infantiles y protegido intimidades juveniles. Sola en una casa con flores en el jardín que nadie olía, con sillones que clamaban, inútilmente, al vacío queriendo ser usados. Ningún humano necesitaba sus favores ni en las frescas mañanas en las que las flores enseñaban gotitas de rocío como señuelo, ni en las noches veraniegas en las que la luna hacía la competencia a las farolas de la calle. Nadie, no había nadie. Solo yo habitaba la casa. Me había acostumbrado a comer bocadillos para no ensuciar platos y cacerolas, y en las frías tardes de invierno me cubría con una manta para no encender la calefacción. Ni siquiera terminaba de leer aquel libro por no encontrar luz suficiente en las bombillas agotadas.

Aquella tarde me había rebelado. Me puse unos deportivos nuevos y salí a gastar caminos. Ya no me seguía el fiel perro que me acompañaba antaño, pero estaba viva y era mayo y era fin de semana y había niños en la ribera, oía sus juegos y sus ruidos. Quise confundirme con ellos en un arrebato de inconformismo.Tenía que encontrar un motivo para seguir en junio, en julio…

Y cuando llegué al final del embarcadero me encontré con el pez muerto en el río y me acerqué para convencerme de que no era cierto. En mayo no se pueden morir los peces en un río hermoso. Pasaron varios minutos, dejé de mirarlo y levanté la vista fijándome en la intensa corriente de agua que tantas veces había sostenido aquella lancha que nos paseaba a toda la familia en magníficas excursiones veraniegas por un delta caudaloso.

No tenía el brillo que recordaba. Ni la espuma de las diminutas olas era blanca sino de un sucio gris. Y olía mal. Un deje de basura húmeda me llegó a los pulmones y de pronto el cielo se encapotó, densas nubes amenazantes avanzaron arrastradas por un viento que arremolinaba bolsas de plástico y papeles, envases y desechos de todo tipo.

Me incorporé y una vez más miré el pez muerto. No había ningún pez muerto. Yo era el pez muerto.

M.T.

SALOU Abril 2008

noslan.com Suscribete a mi FEED!

Pedacitos de agua

La mañana invernal no daba paso al sol. Grises y densas nubes cubrían intermitentemente el cielo. Ana caminaba despacio. Miraba sus pies, uno delante del otro, un paso y otro más y otro y otro… ya estaba cerca de la playa. De todos los rumbos posibles había elegido uno que adivinaba desierto y, efectivamente, allí solo se oía el viento entre las palmeras cuando las inmensas hojas entrechocaban entre si. Un perro corría solitario por la orilla soñando dar caza a gaviotas fugaces.

Se adivinaban figuras lejanas, deportistas quizás, que entrenaban. Las casas que lindaban con el paseo estaban cerradas y las ventanas protegidas, preparadas para largos meses sin habitantes.

En los hoteles que salpicaban el paisaje algunos operarios trabajaban en diferentes puntos: persianas rotas, barandillas que debían sustituir, toldos desmontados y en las piscinas vacías se veían montones de baldosas nuevas en su interior que tomarían el lugar de las rotas. En los jardines podaban los árboles y removían los parterres.

Ana apresuró el paso, el aire húmedo le traspasaba la chaqueta y sintió un escalofrío por la espalda.

En el verano estaba morena de sol y ella lucía espléndida en las noches que compartió con Raúl. ¡Aquellas noches!

La arena blanda dificultaba el andar y Ana se detuvo cerca de unas rocas en las que rompían las olas con espuma efímera y se distrajo intentando ver formas distintas en cada golpe de mar.
nopics image
Blancos remolinos, agujeros negros, aguas oscuras que desde el fondo intentaban avanzar y terminaban, una y otra vez, en mil pedazos.

La marea insistía, parecía querer apartar las murallas de piedra y avanzar hacia ella que, inmóvil, parpadeaba cuando era alcanzada por diminutas gotas que la salpicaban.

M.T

noslan.com Suscribete a mi FEED!

Ventanas

Es curioso: las ventanas tienen doble juego: puedes mirar a través de ellas y te pueden ver desde el otro lado.

DSC05342 (Large)Hay ventanas grandes con balcón y flores y otras pequeñas, estrechas y hundidas que guardan secretos inquietantes. Ventanas viejas con marco de madera cuarteado, partido y agrietado con cristales opacos que apenas dejan entrever unos visillos de encaje amarillento. Ventanas luminosas de rascacielos modernos que no se abren, que no dejan entrar el aire de la primavera, que no dejan escapar los suspiros de una joven enamorada. También están las ventanas familiares, con colgadores íntimos de ropa lavada, enseñando las tripas de la pesada carga de diferentes edades. Vemos los monos azules de mecánico y al padre sudoroso que llega tarde, cansado y preocupado porque no le pagan sus clientes. Pequeños pantalones azules con rotos en las rodillas nos presentan a un niño travieso que ésta tarde se cayó de la bicicleta. Camisetas escuetas, escotadas y con letras fulgurantes que todavía tienen impregnada la música discotequera de la adolescente airada que baja las escaleras hablando por el móvil. Un delantal a cuadros, una blusa gris con pequeñas flores, si, también está la abuela que hace la compra y pela patatas para todos. Falta ropa femenina que demuestre que hay una compañera del mecánico. ¿Se habrá cansado de tanta preocupación sin recompensa? ¿Ha encontrado una pasión nueva? Tal vez su lencería de encaje aparezca un día colgada al sol antes de ser encerrada, otra vez, en el cajón de la cómoda entre jaboncitos olorosos.

Y están las ventanas con historia. Esas ventanas que gritan a nuestro paso, que nos quieren detener para que nos hagamos cargo de sucesos antiguos antes de que el promotor derrumbe el edificio y construya cubículos absurdos para ciudadanos apresurados.

Detrás de esas ventanas mohosas el tiempo seDSC04857 ha congelado. Tienen cristales ciegos y sucios, pero que han protegido de la ventisca a toda una fábrica y al personal inclinado en jornadas agobiantes con vapores insalubres que llevaron a clausurar la producción hace más de un siglo.

Las enormes salas fueron utilizadas, más tarde, como almacén de trigo y otros granos que se llevaban a la ciudad pues solo los ricos se podían aprovechar de tanto pan.

Luego fueron cajas de cartón las que repoblaron las naves desvencijadas, enormes fardos de papel, inmensos rodillos que traían del otro lado del río, carros tirados por mulas y niños escuálidos que las conducían por unos céntimos que llevaban, felices, a sus casas.

Después llegaron los soldados un invierno con sus armas y sus petates. Allí pasaron semanas protegiendo, o asaltando, el pueblo y la comarca.

DSC04863 (Medium) Tras años de abandono unos chicos alegres y jubilosos se hicieron dueños. Pintaron las paredes de colores, Dibujaron un arco iris entre las columnas, tiraron unos jergones en el suelo y hubo música, amores, bailes y esperanza durante algún tiempo, hasta que recobraron el sentido y se fueron a trabajar después de aprobar las oposiciones.

Todo eso me lo cuentan las ventanas cuando viajo por sendas olvidadas, husmeando recovecos. Cuando huyo de los seres de plomo de la ciudad de plástico con aire acondicionado que no tienen tiempo ni sitio para pasar un rato de charla en el camino.

Y sigo buscando ventanas. Porque debe haber unas ventanas magníficas que harán que me pare, que frene en seco y las mire porque siempre vienen de dos en dos: Son ojos se seres irrepetibles que se fijarán en los míos y nos reconoceremos y ya no estaremos nunca más solos. O serán los ojos de un niño que se sorprende de haber llegado a la vida y que busca, no ya ventanas sino puertas que abrir con fuerza y lo que es mejor, con ilusión. Esa ilusión que me falta, que se me está acabando tanto escuchar a ventanas por las que miro pero que no logro ver un futuro que me haga sonreír.

¿Qué tienen de bueno las ventanas?: que se abren o se cierran según nuestro estado de ánimo. Que están ahí pudorosas de sus encantos, esperando que sepamos descubrir su – nuestra - alma que hará brillar otra vez sus cristales y dejará pasar ese rayo de sol que nos calentará en invierno. O quedarán cerradas para siempre, invisibles para todos, veteranas muy sabias no dejarán que nadie las mueva, demasiado grandes, demasiado lejanas, serán monumentos extraños y solo modelos exquisitos para fotógrafos sin rumbo.

M.T. Febrero 2008

noslan.com Suscribete a mi FEED!

 

Warning: stristr() [function.stristr]: Empty delimiter in /home/noslanc/public_html/wp-content/plugins/wassup/wassup.php on line 2093