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Ventanas

February 20th, 2008

Es curioso: las ventanas tienen doble juego: puedes mirar a través de ellas y te pueden ver desde el otro lado.

DSC05342 (Large)Hay ventanas grandes con balcón y flores y otras pequeñas, estrechas y hundidas que guardan secretos inquietantes. Ventanas viejas con marco de madera cuarteado, partido y agrietado con cristales opacos que apenas dejan entrever unos visillos de encaje amarillento. Ventanas luminosas de rascacielos modernos que no se abren, que no dejan entrar el aire de la primavera, que no dejan escapar los suspiros de una joven enamorada. También están las ventanas familiares, con colgadores íntimos de ropa lavada, enseñando las tripas de la pesada carga de diferentes edades. Vemos los monos azules de mecánico y al padre sudoroso que llega tarde, cansado y preocupado porque no le pagan sus clientes. Pequeños pantalones azules con rotos en las rodillas nos presentan a un niño travieso que ésta tarde se cayó de la bicicleta. Camisetas escuetas, escotadas y con letras fulgurantes que todavía tienen impregnada la música discotequera de la adolescente airada que baja las escaleras hablando por el móvil. Un delantal a cuadros, una blusa gris con pequeñas flores, si, también está la abuela que hace la compra y pela patatas para todos. Falta ropa femenina que demuestre que hay una compañera del mecánico. ¿Se habrá cansado de tanta preocupación sin recompensa? ¿Ha encontrado una pasión nueva? Tal vez su lencería de encaje aparezca un día colgada al sol antes de ser encerrada, otra vez, en el cajón de la cómoda entre jaboncitos olorosos.

Y están las ventanas con historia. Esas ventanas que gritan a nuestro paso, que nos quieren detener para que nos hagamos cargo de sucesos antiguos antes de que el promotor derrumbe el edificio y construya cubículos absurdos para ciudadanos apresurados.

Detrás de esas ventanas mohosas el tiempo seDSC04857 ha congelado. Tienen cristales ciegos y sucios, pero que han protegido de la ventisca a toda una fábrica y al personal inclinado en jornadas agobiantes con vapores insalubres que llevaron a clausurar la producción hace más de un siglo.

Las enormes salas fueron utilizadas, más tarde, como almacén de trigo y otros granos que se llevaban a la ciudad pues solo los ricos se podían aprovechar de tanto pan.

Luego fueron cajas de cartón las que repoblaron las naves desvencijadas, enormes fardos de papel, inmensos rodillos que traían del otro lado del río, carros tirados por mulas y niños escuálidos que las conducían por unos céntimos que llevaban, felices, a sus casas.

Después llegaron los soldados un invierno con sus armas y sus petates. Allí pasaron semanas protegiendo, o asaltando, el pueblo y la comarca.

DSC04863 (Medium) Tras años de abandono unos chicos alegres y jubilosos se hicieron dueños. Pintaron las paredes de colores, Dibujaron un arco iris entre las columnas, tiraron unos jergones en el suelo y hubo música, amores, bailes y esperanza durante algún tiempo, hasta que recobraron el sentido y se fueron a trabajar después de aprobar las oposiciones.

Todo eso me lo cuentan las ventanas cuando viajo por sendas olvidadas, husmeando recovecos. Cuando huyo de los seres de plomo de la ciudad de plástico con aire acondicionado que no tienen tiempo ni sitio para pasar un rato de charla en el camino.

Y sigo buscando ventanas. Porque debe haber unas ventanas magníficas que harán que me pare, que frene en seco y las mire porque siempre vienen de dos en dos: Son ojos se seres irrepetibles que se fijarán en los míos y nos reconoceremos y ya no estaremos nunca más solos. O serán los ojos de un niño que se sorprende de haber llegado a la vida y que busca, no ya ventanas sino puertas que abrir con fuerza y lo que es mejor, con ilusión. Esa ilusión que me falta, que se me está acabando tanto escuchar a ventanas por las que miro pero que no logro ver un futuro que me haga sonreír.

¿Qué tienen de bueno las ventanas?: que se abren o se cierran según nuestro estado de ánimo. Que están ahí pudorosas de sus encantos, esperando que sepamos descubrir su – nuestra - alma que hará brillar otra vez sus cristales y dejará pasar ese rayo de sol que nos calentará en invierno. O quedarán cerradas para siempre, invisibles para todos, veteranas muy sabias no dejarán que nadie las mueva, demasiado grandes, demasiado lejanas, serán monumentos extraños y solo modelos exquisitos para fotógrafos sin rumbo.

M.T. Febrero 2008

Fotografía, Fotorelatos

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