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He estado en la cárcel…

November 13th, 2007

… y no es una metáfora. No ha sido por una causa pendiente o por algún tipo de infracción punible, ha sido por el “mero” hecho de visitar un centro penitenciario. Hace unos años ya tuve la posibilidad de visitar uno, el de mujeres de Barcelona (Wad-Ras) de la que recuerdo, y siempre recordaré, el momento en el que por uno de sus pasillos me crucé con la Viuda Negra que pocos días antes aparecía en televisión como presunta asesina de su marido por envenenamiento para posteriormente descuartizarlo y depositar los restos en el armario cuyo fondo sería tapiado y el resto usado normalmente: tengo la imagen de su cara en la mente y la enorme cantidad de escalofríos que me recorrieron el cuerpo también, tendría unos 16 años.

En esta ocasión la visita ha sido mucho más profunda, era un día tranquilo sin jaleo. La imagen que se tiene de una cárcel es la que Hollywood ha logrado imponer pues es la que más vende, pero no es tan tan tan como lo pintan en las películas. De todas formas 3 escenas me volvieron a impresionar y otra me dio mucho que pensar.

El patio, recinto totalmente recubierto de cemento con mesas y bancos clavados al suelo habitado en ese momento por los internos del módulo 1, formando grupos de 4 ó 5 cuchicheando y mirando de reojo al resto de compañeros, mientras otros caminaban de forma compulsiva de un extremo a otro del patio, como si se tratasen de leones encerrados en un zoo. Todo en un ambiente oscuro en el que sientes que eres tu el que no pinta nada en ese sitio, pero sabes que no van a hacer nada: “no vale la pena” seguro que es lo que pensaban.

En el patio recordé las películas y todas las escenas que he visto de las movidas que se inician en un patio idéntico a ese, el paso entre internos fue muy intenso.

Las celdas, pese a tener casi más derechos que obligaciones el interno es encerrado en la celda a las 9 PM y no sale hasta las 8 AM del día siguiente, junto a otras 3 personas ha de convivir durante 11 horas en un recinto que a algunos no podrían usar ni como trastero. No solo convivir sino hacer sus necesidades, cambiarse la ropa, asearse… Imaginar una noche en esas condiciones, mientras se está en un cubículo de esas características es claustrofóbico.

El módulo especial, ese si es duro, es lo que en las películas llaman el pozo o el agujero, celdas de aislamiento para los internos que “la han liado” una vez detenidos y “enchironados”, es decir, han atacado a algún compañero o funcionario o alguna de las mil cosas de las que no se deben hacer y menos aún cuando estás en la cárcel.

En realidad muchos detalles son los que me hicieron pensar que rejodidamente ruinoso ha de ser estar en la cárcel, alambre de espino en los muros, cascos, porras y escudos para cuando vienen mal dadas. Mafias de cualquier tipo y sobretodo falta absoluta de libertad.

No quiero que parezca algo asi como “pobres internos”, ni mucho menos, pero si que una cárcel por dentro es mucho mas compleja de lo que, por lo menos para mi, pudiese pareceré a priori. Compleja por lo humano, ahí hay gente que simplemente es mala, en mayor o menor grado, pero es mala, puede plantarse delante de ti un violador, un asesino o un “yonki” da lo mismo, antes que nada querrá mentirte o engañarte para sacarte algo, lo que sea y, si pude ser, algo que te joda, mejor. Los funcionarios de prisiones son héroes en las sombras, unas sombras que no salen a la luz porque quizás no deban salir.

Pensamientos, Vida

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