Las cosas no son como son
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Kenji Nagai fotógrafo de guerra de la agencia nipona Kyodo murió el pasado jueves en Birmania en una de las incursiones militares sucedidas en los últimos dÃas en esta región del sudeste asiático.
Muertes de este tipo o, como dirÃan los militares, daños colaterales, las ha habido, hay y habrá en todo conflicto bélico. La diferencia entre lo que ocurrÃa antes y lo que ocurre ahora radica en la velocidad en que las noticias se expanden por el mundo, no solo las escritas: la documentación gráfica ya sea video o imagen “vuela” por la red dandonos al pueblo llano una visión más descarnada y menos tergiversada de lo ocurrido.
En este caso las imágenes son duras, muy duras. No son necesarias palabras para describir lo que Kenju Nagai vivió en sus últimos momentos tratando, pese a estar mal herido, de captar una ultima instantánea del conflicto de Myanmar
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Ocho meses con Concha
Nada más irse papá, empecé a mirar con detenimiento las paredes que me acogÃan. La casa de Concha, por definición, era una anticasa en el más amplio sentido de la palabra. La cocina no era tal: sobre un mueble con una puerta desvencijada habÃa un hornillo pequeño, eléctrico, que con mucho esfuerzo calentaba un cacito de aluminio con algún lÃquido dentro. El resto de la habitación, grande, estaba peladÃsimo. Si alguna vez hubo una familia “normal, con usos y costumbres “normales” en la vivienda, habÃa borrado meticulosamente sus huellas. El cuarto de baño también era grande, tenÃa bañera pero… no habÃa agua caliente. Dos dormitorios, uno para Concha y otro de Fernandito (que me fue cedido y él, en un colchón al lado de su madre, pasó el invierno), ambos tenÃan lo mÃnimo para ser habitados. En lo que hubiera podido ser un tercer dormitorio, estaba montado el comedor, con una mesa redonda y varias sillas, un mueble para la vajilla y algunos libros. En un rincón, bajo la ventana, un silloncito verde y peludo con una lámpara de pie hacÃa las veces de salita de estar. La parte principal, lo que seguramente habrÃa sido el comedor/salón, estaba ocupado por el taller, las máquinas de coser y una mesa de patronaje muy grande que ocupaba toda la pared del fondo con una lámpara de luz potente que pendÃa del techo sobre ella. Un ventanal de doble puerta con cristales daba al balcón y entraba mucha luz. OlÃa a fantasmas. En vez de oÃr a operarias trabajando con el fondo de tijeras sobre papel y rasguidos de las telas que aparecÃan meticulosamente enrolladas en tubos de cartón y apoyadas en las esquinas, el silencio era el protagonista más asiduo. Cuando le tocaba venir a Manolita ponÃa la radio a todo meter y en un pis pas enaguas y camisones de nylon con encajes y puntillas incrustados, pijamas de raso y miles de bragas salÃan de sus manos de tal forma que recordaba el milagro de los panes y de los peces. Mi tÃa salÃa por la mañana, regresaba, volvÃa a irse… nos encontrábamos en “La Bien Servida”, restaurante donde comÃamos a medio dÃa, todos los dÃas, Fernandito, que iba al colegio mañana y tarde, ella y yo. Por la noche tortillas francesas o huevos fritos con pan y leche por la mañana, era todo lo que el hornillo de marras daba de si. Aprendà a hacer unas sopas con polvos de sobre que acompañaban y daban calor. Me integré en un estilo de vida insólito, pero que no tenÃa, de momento, galletas rotas y por lo tanto me decÃa a mi misma que habÃa cosas peores.
Me matriculé en dos academias: una de inglés y otra de alemán. Mis padres habÃan dispuesto que no perdiera el tiempo miserablemente y se lo agradecà mucho. Fueron las clases y los paseos con mi tÃo José MarÃa lo que me libró de un colapso vital profundo y definitivo.
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Poco quiero explayarme en este tema, un tiempo atrás ya comenté algo. El tiempo pasa y mientras unos denuncian a Acer por vender portátiles con Windows pre instalado (y ganan!), Microsoft la “caga plana” en Excel 2007 y en Europa nos ponemos las pilas para meter caña a Microsoft y su monopolio hay algo que sigue in crescendo, enemigo de todos dando lo mismo opiniones acerca del software o ideologÃas conspiranoicas, se trata del SPAM y del MALWARE.
Sigue y sigue y no solo no para sino que además aumenta, en las últimas semanas hasta este pequeño reducto de la red, mi página, se ve afectado por los bots spammers que tratan de publicar mensajes ofreciendo todos los “cialis” del mundo mundial a precios de escándalo, todos ellos con sus IP’s y dando direcciones para su adquisición, ¿por qué no puedo demandarlos?
O “empresas”, por ponerles algún nombre, que venden productos de software informático mediante el cual el pc del usuario que lo compre (y pague) se verá sumamente limpio y fuera del alcance de cualquier virus o ente malévolo que pulule por la red, cuando en realidad es el mismo software que se ha adquirido legalmente y abonado el que empleará toda suerte de artes para espiar controlar y manipular el ordenador afectado. ¿Por qué esa página web sigue online?
Mientras Ramoncin pierde el norte demandando páginas web (y ganando!), Medion y Microsoft se alÃan para lograr vender portátiles infectados con un virus creado en 1994 (y lo logran!) Continua leyendo »
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