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Tener adónde ir

El niño del sexto sentido diría que en ocasiones ve muertos, en mi caso a veces leo joyas, auténticos tesoros en formatos diversos, desde frases en camisetas hasta libros que no quiero que acaben nunca. En este caso no es ni lo uno ni lo otro, es un recorte de periódico, de la Vanguardia, de Remei Margarit que trata basándose en ideas y conceptos milenarios, un tema que a todos nos da miedo y que anhelamos por todos los medios descubrir. Habrá sido casualidad, pero en mi caso me ha hecho pensar, y mucho, en mis cosas, puesto que ese lugar adónde ir, como perfectamente se describe en el texto, no siempre es un lugar físico, de hecho, casi nunca lo es…

..y reza así….

“El título de este escrito lo he cogido prestado del libro milenario I ching. Esa frase, “tener adónde ir”, se repite a lo largo de las respuestas del oráculo, frecuentemente con añadido precio “es bueno”.

E en ese sabio Libro de las mutaciones que es el I ching, esa frase da lugar a múltiples interpretaciones; no es bien un lugar adonde ir, sino que puede resultar un estado mental adonde ir. Este movimiento que implica el ir no es necesariamente un movimiento corporal y físico, puede ser un cambio de ruta o de valores, o de energía o de mil cosas más; depende de la pregunta que se le haya hecho.

Me acojo a una interpretación amplia de la frase y la traslado a los tiempos y espacios de la vida humana. En cualquier momento de la vida, excepto en algunos en que la quietud y la espera se imponen por prudencia, es bueno tener adónde ir. Un joven de veintidós años, con sus amigos, subió el pasado fin de semana al monte Perdido (3.355m), cordada incluida por encima de la cresta nevada. Era un lugar adonde ir corporal y espiritualmente, también era un ir hacia algún monte perdido de la infancia; en todo caso, había que ir.

Puede también que algún adulto agobiado sienta que debe cruzar el océano e ir a una tierra prometida que tan sólo existe en su mente; cruzará el océano y llegará a América o a las Indias o a cualquier otro lugar lejos de su cotidianidad, porque es allí adonde es bueno ir.

Ir hacia algún lugar que se ha prestado a ser la recepción de nuestro cambio; no es que los lugares nos cambien, sino que somos las personas las que cambiamos en un movimiento en el espacio: por eso es bueno tener adónde ir.

Pero también puede suceder que ese ir no sea un lugar concreto en el espacio sino que lo sea en el tiempo, me refiero a los tiempos personales. Se puede ir hacia un tiempo menos acelerado, más reflexivo, más presente y menos futuro, un cambiar de ritmo personal y cambiar así también las cosas, un decir basta al agobio extenuante de las mil cosas y escoger un sendero poco transitado, un cambio de orden de prioridades. Es bueno tener adónde ir, es decir, es bueno escoger algo que tenga sentido y dejar lo que no lo tenga. Si algo tiene sentido, será fácil ir; si no lo tiene, se nos acumularán las dificultades precisamente por esa carencia de sentido. La inteligencia pugna por abrirse y no soporta arrastrar una inercia porque sí.

Y a medida que los años pasan y envejecemos, si seguimos dando valor a tener adonde ir, una se reencuentra con el valor de los afectos, de los cuidados brindados a las personas que amamos, a la celebración de todas las fiestas posibles, al encuentro de los sentimientos que se desvelan ya de manera clara y sin prejuicios de ninguna clase. Ya no se trata de competir con nadie ni por nada, se trata de vivir de la mejor manera posible esa vida que nos va llevando hacia ese nuevo lugar adonde ir, día a día, momento a momento.

Tal veza algunas personas les asuste el cambio, aunque la vida tal vez no sea otra cosa, o el cambio o convertirse en estatua de sal, por decirlo de una manera bíblica. Un lugar adonde ir puede muy bien ser el día a día con inocencia, aguardando lo que el día nos traiga con esa curiosidad que sólo los niños manifiestan constantemente.

Algunas personas se quejan de no saber qué hacer, se aburren. Ése es el camino de una gran ambivalencia, no poder escoger entre una cosa o la otra, no quieren desprenderse de lo que ya no tiene sentido porque no quieren dejar nada. Pero la acumulación de proyectos tan sólo produce confusión, y la vida, para fluir, requiere de síntesis y un orden claro de prioridades. Tener un lugar adonde ir quizá sea, pues, establecer una prioridad.”

Si has llegado hasta aquí, vuelve a leerlo, ahora con más calma, y date unos días para reflexionar, sin darle muchas vueltas, sobre qué has visto de ti en este escrito de Remei Margarit.

A mí me encantó y me encanta verme en ese texto para poder recorrer ese camino incierto lleno de miedos, rechazos, emociones y un futuro incierto pero con bisas de ser, cuanto menos, interesante ;)

Evolución

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