Un cuento…
Introducción:
He estado hablando con M.T.
Me pregunta si puede realizar un cambio algo brusco en la sección Incisos, a lo cual le contesto con otra pregunta; ¿Qué tipo de cambio? Pues bien, en lugar de tratar temas bajo una perspectiva diferente, personalizarlo más y realizar un relato extenso como la vida misma, la suya, dividida en capítulos (que seguirán llamándose Incisos). Desde el principio de sus recuerdos hasta la actualidad. Esto representa un viaje interesantísimo, por lo que he leído hasta ahora, narrado por la autora en las diversas etapas de toda una vida.
NoslaN
Prólogo
En un país muy lejano, hace mucho, mucho tiempo vivía una princesita rubia. Ella sabía que era una Princesa porque se lo había dicho su padre, que desde entonces ocupó de forma natural el papel de Rey en su corazón.
Esta pequeña pasaba los días paseando al sol con su abuela, señora magnífica que sabía historias de ovejitas, de casas encantadas, de pastores hambrientos, que la dejaban absolutamente encandilada. El pueblo del que hablaba su abuela debía ser estupendo, pensaba, sus habitantes eran gente tan buena que daban de comer en las noches frías, chorizos ” en inglete” (que siempre quedaban al rescoldo en la olla de la cocina) y pan blanco y oloroso a todo el que llegara a las casas, (que tenían una “balda” como cerradura), que estaban cerca del camino. Personas que besaban a los niños y tenían tiempo para los rosales del jardín.
Mientras volaba con la imaginación por los campos castellanos al compás de la voz que oía diariamente, iba tejiendo una propia historia y un posible futuro:
Como era una Princesa, seguro que se casaría con un Príncipe, y tendrían un palacio con perros y caballos, muchos hijitos que se bañarían en el río que atravesaba los bosques del reino, y habría siempre mucha luz, mucho sol y muchas flores. Todos, Reyes, abuelas y los sirvientes también, serían felices y, si gustaban, comerían perdices.
Fue creciendo la princesita. Sin saber exactamente por qué, salió del Reino de la Infancia y llegó, con bastantes inconvenientes: Piedras en el camino, barro en los zapatos, dolores de cabeza, a una ciudad con muchas casas pero casi deshabitada. Su padre el Rey, convertido por la magia en un señor de negocios, aseguraba que todo era estupendo y su madre ¿La Reina?, muy seria, siempre nostálgica de un tiempo pasado, llevaba a sus hijas (la Princesita tenía una hermana), muy bien vestidas con trajes confeccionados con sus reales manos.
Poco a poco las casas fueron llenándose de familias extrañas, que hablaban un idioma diferente aunque parecido. Llegaron amigos. Coches nuevos. Comenzó, con mucha risa, el descubrimiento del barrio de La Adolescencia, extrañamente iluminado y sin adultos, con moda “barra argentina”, bailes lentos por la noche de los sábados en “asaltos” caseros, coca cola y rock con perritos calientes.
Había un colegio de monjas donde aprendía. Donde empezó a comprender que no todo lo que le decían tenía que creérselo. El sol no salía todos los días. Reconoció el cambio de estaciones. El frío del invierno. Apareció La Soledad y las lágrimas viajaban por sus mejillas con frecuencia sorprendente: Llegaba, sin poder frenar, a la República Joven.
Continuará…
M.T.
Salou, Abril 2007
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