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Mirando fijamente

April 16th, 2007

Por fin me han puesto los soportes y la barra en la ventana para la cortina que me falta en la habitación del ordenador. Me decidí a comprarla de hierro negro, con remates sencillos y unas argollas con pinzas pequeñitas para sostener la tela. Quería que entrara en un estilo medio rústico, medio colonial, que siempre ha sido mi preferido. En mi imaginación proyecto las cosas que he de poner en casa por anticipado. Si las “veo” me decido.

El tema de estas cortinas viene de lejos ya que tenía reservadas unas que pensaba aprovechar. Habían sido confeccionadas en hilo crudo muy finito y formando unos paneles alargados a ambos lados, unos cuadrados hechos a crochet por mi madre hace mucho tiempo y que guardaba con enorme ilusión pues “veía” perfectamente que arreglando el largo y lavando a fondo, (amarilleaban después de estar tanto tiempo guardadas) iban a quedar de película a la vez que me harían una cierta compañía, pensaba, pues cosas así, artesanales, no abundan y hechas por mi madre menos.

En cuanto barrí el polvo de ladrillo, resto de los agujeros taladrados en la pared, tomé las medidas de la ventana por si acaso una vez mas, me llevé la barra y la puse encima de una cama. Bajé la caja del estante en que estaba el tesoro. Pensaba presentar el tema, empezar en seguida a deshacer lo que fuera necesario y dejar todo dispuesto para coserlo al día siguiente. Lo lavaré – pensaba - con agua caliente y un buen detergente blanqueador. Mientras sacudía la tela escrupulosamente doblada ya me veía planchando con cariño y un poco de almidón para que LA CORTINA tuviese cuerpo y fuese magnífica. Estaba alisando el pliegue más rebelde y en mi cabeza ya colgaba la obra dejándome encantada el resultado.

Pero.

Contemplé el conjunto: Tela con cuadraditos artesanales.

Vi ciertamente a mi madre haciéndolos.

En medio de la habitación, con los brazos cruzados, estaba yo mirando la cama, la barra, la tela, los cuadraditos.

Algo me subía por el estómago.

Fui a la cocina, busqué una bolsa de plástico, casi corriendo llegué a la habitación, recogí la cortina vieja y amarillenta haciendo un bollo con ella, la metí dentro de la bolsa apretando el nudo de los bordes y pisando a la perra salí de estampida a tirar la basura. Era la hora de recogida y tenía que aprovecharla.

Las cosas no son como quieres que sean.

 

Un besito.

M.T.

Salou Abril 2007

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