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Después de volar hasta Copenhague y pasar un hermoso y soleado día turístico, embarcamos hacia Oslo y desde allí hacia los fiordos.
Siendo esperado, el paisaje me dejó boquiabierta cuando al seguir el itinerario minuciosamente planeado penetramos lentamente en un mundo único. Visitamos pueblos de pescadores y conocimos restaurantes y tiendas; descubrimos personajes distantes y el frío, ese frío que nos asaltaba de noche cuando al recapitular las hermosas sensaciones acumuladas nos olvidábamos de incrustarnos el anorak de plumas que, previsores, habíamos comprado en Barcelona.
Juanjo, mi compañero de experiencias, no estaba demasiado convencido. Mi entusiasmo era tal que me miraba extrañado. ¿Qué veía yo en esas gentes demasiado altas, blancas y rubias muy abrigadas y casi todas con gorro calado hasta las cejas, que nos miraban reprobadoras al oír nuestro tumulto carcajeante y latino mientras descendíamos del barco y recorríamos las calles que nos eran ajenas?
No podía explicarlo. Desde lo más profundo de mis tripas sentía que era importante fijarme en las piedras de aquel callejón, en los tejados de la ciudad apenas vislumbrada, en los olores que salían de aquella taberna. Era como si tuviera prisa, como si todo lo que nos rodeaba pudiera desaparecer.
¡Tantos años esperando conocer el Norte!
De repente estaba allí y no recordaba cómo habíamos concretado las fechas, como habíamos podido combinar horarios: Todos éramos jóvenes, quien no trabajaba, estudiaba aún y algún que otro tenía familia, hijos pequeños. Lo más extraño era que estábamos todos: Los integrantes de la pandilla de Mar del Plata, los primeros conocidos en Tarragona y casi todos los compañeros de la Escuela Social de Madrid.
¿Quién había sido el excelente organizador?
Los resultados, sin duda, no podían ser mejores.
Más raro aún era la presencia de Juanjo, pero estaba ahí y era importante.
¡Es una lata estar siempre sola! - me dije.
El ulular de la sirena se convirtió poco a poco en el sonido digital del despertador eléctrico. Hora de levantarse.
El magnífico poder de los sueños me había concedido una feliz aventura.
Un besito.
M.T.
Salou marzo 2007
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De todas formas esta afición siempre se ha visto coartada por una herramienta básica y fundamental, la cámara. Por una serie de acontecimientos rocambolescos ha llegado a mis manos una Sony Cybershoot 
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