La bondad del ser humano
A las ocho de la mañana se abre el comedor de la vieja institución y los hombres, ordenadamente, recogen el desayuno en sus bandejas. Una ensaimada, pan con mantequilla y mermelada. Café con leche. Los fines de semana se festeja y el chocolate con churros y zumos en brik aumentan el rato de alegría estomacal. Pero estamos a viernes y los monos azules destacan a los componentes de las brigadas de mantenimiento: electricistas, albañiles y carpinteros. Los pintores con mono blanco y los que van a cerámica para preparar una exposición que todos los años en primavera se presenta en algún Museo concertado, llevan su guardapolvo marrón.
Acabado el desayuno cada uno se dirige a su destino específico. Está mañana me encargaré de supervisar la nueva instalación del aula de alfabetización para adultos en un espacio que estaba infrautilizado como almacén.
Falta pulir el suelo y terminar la instalación eléctrica que está atrasada por culpa de las viejas paredes que no se dejan perforar adecuadamente, por eso tengo que apurar a los operarios y planificar que por un lado el suelo vaya brillando y por otro que la instalación de enchufes, lámparas y el cableado informático esté a punto para la inauguración del próximo domingo que vendrá no se qué concejal a inaugurar el asunto.
Llega primero Herz que se encarga de la electricidad y sus variantes. Viene con dos ayudantes cargados de cajas de herramientas, rollos de cable y una escalera. En un minuto están metiendo alambres por el techo y milagrosamente veo como aparecen enchufes empotrados en las paredes por orden y en sitios predeterminados para los aparatos a instalar, las lámparas de neón cuelgan del techo. Están trabajando como hormiguitas felices y en poco rato se aprecian resultados muy satisfactorios.
Por el otro extremo Cerc maniobra la máquina de pulir que con un estruendo considerable saca a la luz un suelo limpio que brilla y sus ayudantes lo terminan en las esquinas pasando unos trapos y líquidos especiales. Y todo eso en un buen clima de trabajo: hablan y bromean. Un hombre rubio y alto que es polaco tararea una canción de su país, el gitanillo español se mete con él por su color desteñido, el marroquí se añade afirmando que cuanto más moreno mejor… y el nigeriano fortachón, desde el fondo, asiente con fuertes carcajadas.
Estoy tranquila, la mañana termina, el trabajo casi también y no ha habido incidentes.
La institución es una prisión española. Herz cumple condena por matar a su mujer quemándola dentro de un coche. Cerc secuestró a una niña de nueve años, la torturó y la mató violándola incluso ya cadáver y la mantuvo dos años dentro de bolsas de basura encima de su cama. Se encontró todo por casualidad.
¿Los demás? Atracos, puñaladas, drogas…
El más joven, veinte años, mató y descuartizó a su madre ayudado por su rubia y delgadita novia. Aún no se ha encontrado el cuerpo y se puede dudar, por lo que sus compañeros le permiten convivir ya que ese es un delito “mal visto”: ni a la madre ni a los hijos, solo faltaría…
Por mi parte les haré una “hoja meritoria” por el trabajo bien hecho, en el tiempo programado y con gran motivación que demuestra su estado mental envidiablemente sano.
No me atrevo a besar a nadie.
M.T.
Salou, Abril 2007
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